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mayo 24, 2008

Cartas desde mi celda

Filed under: Bécquer — julen @ 12:20 pm

Cartas desde mi celda
Edición de Castalia
Edición de Castalia
Con un prólogo muy interesante

Queridos amigos: Prometí a ustedes en mi última carta referirles, tal como me la contaron, la maravillosa historia de las brujas de Trasmoz. Tomo, pues, la pluma para cumplir lo prometido, y va de cuento.

Desde tiempo inmemorial es artículo de fe entre las gentes del Somontano que Trasmoz es la corte y punto de cita de las brujas más importantes de la comarca. Su castillo, como los tradicionales campos de Barahona y el valle famoso de Zugarramurdi, pertenece a la categoría de conventículo de primer orden y lugar clásico para las grandes fiestas nocturnas de las amazonas de escobón, los sapos con collareta y toda la abigarrada servidumbre del macho cabrío, su ídolo y jefe. Acerca de la fundación de este castillo, cuyas colosales ruinas, cuyas torres oscuras y dentelladas, patios sombríos y profundos fosos parecen, en efecto, digna escena de tan diabólicos personajes, se refiere una tradición muy antigua. Parece ser que en tiempo de los moros, época que para nuestros campesinos corresponde a las edades mitológicas y fabulosas de la historia, pasó el rey por las cercanías del sitio en que ahora se halla Trasmoz y viendo con maravilla un punto como aquél donde, gracias a la altura, las rápidas pendientes y los cortes a plomo de la roca, podía el hombre, ayudado de la naturaleza, hacer un lugar fuerte e inexpugnable, de grande utilidad por encontrarse próximo a la raya fronteriza, exclamó volviéndose a los que iban en su seguimiento y tendiendo la mano en dirección a la cumbre:

-De buena gana tendría allí un castillo.

Oyóle un pobre viejo que, apoyado en un báculo de caminante y con unas miserables alforjillas al hombro, pasaba a la sazón por el mismo sitio, y adelantándose hasta salirle al encuentro y a riesgo de ser atropellado por la comitiva real, detuvo por la brida el caballo de su señor y le dijo estas solas palabras:

-Si me le dais en alcaidía perpetua, yo me comprometo a llevaros mañana a vuestro palacio sus llaves de oro.

Rieron grandemente el rey y los suyos de la extravagante proposición del mendigo, de modo que, arrojándole una pequeña pieza de plata al suelo a manera de limosna, contestóle el soberano con aire de zumba:

-Tomad esa moneda para que compréis unas cebollas y un pedazo de pan con que desayunaros, señor alcaide de la improvisada fortaleza de Trasmoz, y dejadnos en paz proseguir nuestro camino.

Y, esto diciendo, le apartó suavemente a un lado de la senda, tocó el ijar de su corcel con el acicate, y se alejó seguido de sus capitanes, cuyas armaduras, incrustadas de arabescos de oro, resonaban y resplandecían al compás del galope mal ocultas por los blancos y flotantes alquiceles.

-¿Luego me confirmáis en la alcaidía? -añadió el pobre viejo, en tanto que se bajaba para recoger la moneda, y dirigiéndose en alta voz hacia los que ya apenas se distinguían entre la nube de polvo que levantaron los caballos, un punto detenidos, al arrancar de nuevo.

-Seguramente -díjole el rey desde lejos, y cuando ya iba a doblar una de las revueltas del monte-; siempre con la condición de que esta noche levantarás el castillo y mañana irás a Tarazona a entregarme las llaves.

Satisfecho el pobrete con la contestación del rey alzó, como digo, la moneda del suelo, besóla con muestras de humildad y, después de atarla en un pico del guiñapo blancuzco que le servía de turbante, se dirigió poco a poco hacia la aldehuela de Trasmoz. Componían entonces este lugar unas quince o veinte casuquillas sucias y miserables, refugio de algunos pastores que llevaban a pacer sus ganados al Moncayo. Pasito a pasito, aquí cae, allí tropieza, como el que camina agobiado del doble peso de la edad y una larga jornada, llegó al fin nuestro hombre al pueblo, y comprando, según se lo había dicho el rey, un mendrugo de pan y tres o cuatro cebollas blancas, jugosas y relucientes, sentóse a comerlas a la orilla de un arroyo, en el cual los vecinos tenían costumbre de venir a hacer sus abluciones de la tarde, y donde, una vez instalado, comenzó a despachar su pitanza con tanto gusto, y moviendo sus descarnadas mandíbulas, de las que pendían unas barbillas blancas y claruchas, con tal priesa que en efecto parecía no haberse desayunado en todo lo que iba de día, que no era poco, pues el sol comenzaba a trasmontar las cumbres.

Sentado estaba, pues, nuestro pobre viejo a la orilla del arroyo, dando buena cuenta con gentil apetito de su frugal comida, cuando llegó hasta el borde del agua uno de los pastores del lugar, hizo sus acostumbradas zalemas, vuelto hacia el oriente, y concluida esta operación, comenzó a lavarse las manos y el rostro, murmurando sus rezos de la tarde. Tras éste vinieron otros cuantos, hasta cinco o seis, y cuando todos hubieron concluido de rezar y remojarse el cogote, llamólos el viejo y les dijo:

-Veo con gusto que sois buenos musulmanes y que ni las ordinarias ocupaciones ni las fatigas de vuestro ejercicio os distraen de las santas ceremonias que a sus fieles dejó encomendadas el Profeta. El verdadero creyente tarde o temprano alcanza el premio; unos lo recogen en la tierra, otros en el paraíso, no faltando a quienes se les da en ambas partes, y de éstos seréis vosotros.

Los pastores, que durante la arenga no habían apartado un punto sus ojos del mendigo, pues por tal le juzgaron al ver su mal pelaje y peor desayuno, se miraban entre sí, después de concluido, como no comprendiendo a dónde iría a parar aquella introducción si no era a pedir una limosna, pero con grande asombro de los circunstantes prosiguió de este modo su discurso:

-He aquí que yo vengo de una tierra lejana a buscar servidores leales para la guarda y custodia de un famoso castillo. Yo me he sentado al borde de las fuentes que saltan sobre una taza de pórfido, a la sombra de las palmeras en las mezquitas de las grandes ciudades, y he visto unos tras otros venir a muchos hombres a hacer sus abluciones con sus aguas, éstos por mera limpieza, aquéllos por hacer lo que hacen todos, los más por dar el espectáculo de una piedad de fórmula. Después os he visto en estas soledades, lejos de las miradas del mundo, atentos sólo al ojo que vela sobre las acciones de los mortales, cumplir con nuestros ritos impulsados por la conciencia de un deber, y he dicho para mí: «He aquí hombres fieles a su religión; igualmente lo serán a su palabra». De hoy más no vagaréis por los montes con nieves y fríos para comer un pedazo de pan negro; en la magnífica fortaleza de que os hablo, tendréis alimento abundante y vida holgada. Tú cuidarás de la atalaya, atento siempre a la señales de los corredores del campo y pronto a encender la hoguera que brilla en las sombras como el penacho de fuego del casco de un arcángel. Tú cuidarás del rastrillo y del puente; tú darás vuelta cada tres horas alrededor de las torres, por entre la barbacana y el muro. A ti te encargaré de las caballerizas; bajo la guarda de ése estarán los depósitos de materiales de guerra, y por último, aquel otro correrá con los almacenes de víveres.

Los pastores, de cada vez más asombrados y suspensos, no sabían qué juicio formar del improvisado protector que la casualidad les deparaba, y aunque su aspecto miserable no convenía del todo bien con sus generosas ofertas, no faltó alguno que le preguntase entre dudoso y crédulo:

-¿Dónde está ese castillo?, que si no se halla muy lejos de estos lugares entre cuyas peñas estamos acostumbrados a vivir y a los que tenemos el amor que todo hombre tiene a la tierra que lo vio nacer, yo, por mi parte, aceptaría con gusto tus ofrecimientos, y creo que, como yo, todos los que se encuentran presentes.

-Por eso no temáis, pues está bien cerca de aquí -respondió el viejo impasible-; cuando el sol se esconde por detrás de las cumbres del Moncayo, su sombra cae sobre vuestra aldea.

-¿Y cómo puede ser eso -dijo entonces el pastor-, si por aquí no hay castillo ni fortaleza alguna y la primera sombra que envuelve nuestro hogar es la del cabezo del monte en cuya falda se ha levantado?

-Pues en ese cabezo se halla, porque allí están las piedras, y donde están las piedras está el castillo, como está la gallina en el huevo y la espiga en el grano -insistió el extraño personaje, a quien sus interlocutores, irresolutos hasta aquel punto, no dudaron en calificar de loco de remate.

-¿Y tú serás, sin duda, el gobernador de esa fortaleza famosa? -exclamó, entre las carcajadas de sus compañeros, otro de los pastores; porque a tal castillo, tal alcaide.

-Yo lo soy -tornó a contestar el viejo, siempre con la misma calma, y mirando a sus risueños oyentes con una sonrisa particular-. ¿No os parezco digno de tan honroso cargo?

-¡Nada menos que eso! -se apresuraron a responderle-, pero el sol ha doblado las cumbres, la sombra de vuestro castillo envuelve ya en sus pliegues nuestras pobres chozas. ¡Poderoso y temido alcaide de la invisible fortaleza de Trasmoz, si queréis pasar la noche a cubierto, os podemos ofrecer un poco de paja en el establo de nuestras ovejas; si preferís quedaros al raso, que Alá os tenga en su santa guarda, el Profeta os colme de sus beneficios, y los arcángeles de la noche velen a vuestro alrededor con sus espadas encendidas!

Acompañando estas palabras, dichas en tono de burlesca solemnidad, con profundos y humildes saludos, los pastores tomaron el camino de su pueblo riendo a carcajadas de la original aventura. Nuestro buen hombre no se alteró, sin embargo, por tan poca cosa, sino que, después de acabar con mucho despacio su merienda, tomó en el hueco de la mano algunos sorbos del agua limpia y transparente del arroyo, limpióse con el revés la boca, sacudió las migajas de pan de la túnica y, echándose otra vez las alforjillas al hombro y apoyándose en su nudoso báculo, emprendió de nuevo el camino adelante, en la misma dirección que sus futuros sirvientes.

La noche comenzaba, en efecto, a entrarse fría y oscura. De pico a pico de la elevada cresta del Moncayo se extendían largas bandas de nubes color de plomo que, arrolladas hasta aquel momento por la influencia del sol, parecían haber esperado a que se ocultase para comenzar a removerse con lentitud, como esos monstruos deformes que produce el mar y que se arrastran trabajosamente en las playas desiertas. El ancho horizonte que se descubría desde las alturas iba poco a poco palideciendo y pasando del rojo al violado por un punto, mientras por el contrario asomaba la luna redonda, encendida, grande, como un escudo de batallar, y por el dilatado espacio del cielo las estrellas aparecían unas tras otras, amortiguada su luz por la del astro de la noche.

Nuestro buen viejo, que parecía conocer perfectamente el país, pues nunca vacilaba al escoger las sendas que más pronto habían de conducirle al término de su peregrinación, dejó a un lado la aldea y, siempre subiendo con bastante fatiga por entre los enormes peñascos y las espesas carrascas que entonces como ahora cubrían la áspera pendiente del monte, llegó por último a la cumbre cuando las sombras se habían apoderado por completo de la tierra, y la luna, que se dejaba ver a intervalos por entre las oscuras nubes, se había remontado a la primera región del cielo. Cualquiera otro hombre, impresionado por la soledad del sitio, el profundo silencio de la naturaleza y el fantástico panorama de las sinuosidades del Moncayo, cuyas puntas coronadas de nieve parecían las olas de un mar inmóvil y gigantesco, hubiera temido aventurarse por entre aquellos matorrales, adonde en mitad del día apenas osaban llegar los pastores; pero el héroe y de nuestra relación que, como ya habrán sospechado ustedes y si no lo han sospechado lo verán claro más adelante, debía ser un magicazo de tomo y lomo, no satisfecho con haber trepado a la eminencia, se encaramó en la punta de la más elevada roca y desde aquel aéreo asiento comenzó a pasear la vista a su alrededor con la misma firmeza que el águila cuyo nido pende de un peñasco al borde del abismo contempla sin temor el fondo.

Después que se hubo reposado un instante de las fatigas del camino, sacó de las alforjillas un estuche de forma particular y extraña, un librote muy carcomido y viejo, y un cabo de vela verde, corto y a medio consumir. Frotó con sus dedos descarnados y huesosos en uno de los extremos del estuche que parecía de metal y era a modo de linterna, y a medida que frotaba, veíase como una lumbre sin claridad, azulada, medrosa e inquieta, hasta que por último brotó una llama y se hizo luz. Con aquella luz encendió el cabe, de la vela verde, a cuyo escaso resplandor y no sin haberse calado antes unas disformes antiparras redondas, comenzó a hojear el libro que para más comodidad había puesto delante de sí sobre una de las peñas. Según que el nigromante iba pasando las hojas del libro, llenas de caracteres árabes, caldeos y siríacos, trazados con tinta azul, negra, roja y violada, y de figuras y signos misteriosos, murmuraba entre dientes frases ininteligibles y, parando de cierto en cierto tiempo la lectura, repetía un estribillo singular con una especie de salmodia lúgubre que acompañaba hiriendo la tierra con el pie y agitando la mano que le dejaba libre el cuidado de la vela, como si se dirigiese a alguna persona.

Concluida la primera parte de su mágica letanía, en la que unos tras otros había ido llamando por sus nombres, que yo no podré repetir, a todos los espíritus del aire y de la tierra, del fuego y de las aguas, comenzó a percibirse en derredor un ruido extraño, un rumor de alas invisibles que se agitaban a la vez y murmullos confusos, como de muchas gentes que se hablasen al oído. En los días revueltos del otoño y cuando las nubes amontonadas en el horizonte parecen amenazar con una lluvia copiosa, pasan las grullas por el cielo formando un oscuro triángulo con un ruido semejante. Mas lo particular del caso era que allí a nadie se veía, y aun cuando se percibiese el aleteo cada vez más próximo y el aire agitado moviera en derredor las hojas de los árboles, y el rumor de las palabras dichas en voz baja se hiciese gradualmente más distinto, todo semejaba cosa de ilusión o ensueño. Paseó el mágico la mirada en todas direcciones para contemplar a los que sólo a sus ojos parecían visibles y, satisfecho al parecer del resultado de su primera operación, volvió a la interrumpida lectura. Apenas su voz temblona, cascada y un poco nasal, comenzó a dejarse oír pronunciando las enrevesadas palabras del libro, se hizo en torno un silencio tan profundo que no parecía sino que la tierra, los astros y los genios de la noche estaban pendientes de los labios del nigromante que ora hablaba con frases dulces y de suave inflexión, como quien suplica, ora con acento áspero, enérgico y breve, como quien manda. Así leyó largo rato, hasta que al concluir la última hoja se produjo un murmullo en el invisible auditorio, parecido al que forman en los templos las confusas voces de los fieles cuando, acabada una oración, todos contestan amén, en mil diapasones distintos. El viejo, que a medida que rezaba y rezaba aquellos diabólicos conjuros había ido exaltándose y cobrando una energía y un vigor sobrenaturales, cerró el libro con un gran golpe, dio un soplo a la vela verde y, despojándose de las antiparras redondas, se puso en pie sobre la altísima peña donde estuvo sentado y desde donde se dominaban las infinitas ondulaciones de la falda del Moncayo, con los valles, las rocas y los abismos que la accidentan. Allí, de pie, con la cabeza erguida y los brazos extendidos, el uno al oriente y el otro al occidente, alzó la voz y exclamó dirigiéndose a la infinita muchedumbre de seres invisibles y misteriosos que, encadenados a su palabra por la fuerza de los conjuros, esperaban sumisos sus órdenes.

-¡Espíritus de las aguas y de los aires, vosotros, que sabéis horadar las rocas y abatir los troncos más corpulentos, agitaos y obedecedme!

Primero suave, como cuando levanta el vuelo una banda de palomas; después más fuerte, como cuando azota el mástil de un buque una vela hecha jirones, oyóse el ruido de las alas al plegarse y desplegarse con una prontitud increíble, y aquel ruido fue creciendo, creciendo, hasta que llegó a hacerse espantoso como el de un huracán desencadenado. El agua de los torrentes próximos saltaba y se retorcía en el cauce, espumarajeando y poniéndose de pie como una culebra furiosa; el aire, agitado y terrible, zumbaba en los huecos de la peñas, levantaba remolinos de polvo y de hojas secas y sacudía, inclinándolas hasta el suelo, las copas de los árboles. Nada más extraño y horrible que aquella tempestad circunscrita a un punto, mientras la luna se remontaba tranquila y silenciosa por el cielo, y las aéreas y lejanas cumbres de la cordillera parecían bañadas de un sereno y luminoso vapor. Las rocas crujían como si sus grietas se dilatasen, e impulsadas de una fuerza oculta e interior, amenazaban volar hechas mil pedazos. Los troncos más corpulentos arrojaban gemidos y chascaban próximos a hendirse, como si un súbito desenvolvimiento de sus fibras fuese a rajar la endurecida corteza. Al cabo, y después de sentirse sacudido el monte por tres veces, las piedras se desencajaron y los árboles se partieron, y árboles y piedras comenzaron a saltar por los aires en furioso torbellino, cayendo semejantes a una lluvia espesa en el lugar que de antemano señaló el nigromante a sus servidores. Los colosales troncos y los inmensos témpanos de granito y pizarra oscura, que hubiérase dicho que los arrojaban al azar, caían, no obstante, unos sobre otros con admirable orden e iban formando una cerca altísima, a manera de bastión, que el agua de los torrentes, arrastrando arenas, menudas piedrecillas y cal de su alvéolo, se encargaba de completar, llenando las hendiduras con una argamasa indestructible.

-La obra adelanta, ¡ánimo, ánimo! -murmuró el viejo; aprovechemos los instantes, que la noche es corta y pronto cantará el gallo, trompeta del día.

Y esto diciendo, se inclinó hacia el borde de una sima profunda, abierta al impulso de las convulsiones de la montaña, y, como dirigiéndose a otros seres ocultos en su fondo, prosiguió:

-Espíritus de la tierra y del fuego: vosotros que conocéis los tesoros de metal de sus entrañas y circuláis por sus caminos subterráneos con los mares de lava encendida y ardiente, agitaos y cumplid mis órdenes.

Aún no había expirado el eco de la última palabra del conjuro, cuando se comenzó a oír un rumor sordo y continuo, como el de un trueno lejano, rumor que asimismo fue creciendo, creciendo, hasta que se hizo semejante al que produce un escuadrón de jinetes que cruzan al galope el puente de una fortaleza, y retumba el golpear del casco de los caballos, crujen los maderos, rechinan las cadenas y se oye, metálico y sonoro~ el choque de las armaduras, las lanzas y los escudos. A medida que el ruido tomaba mayores proporciones, veíase salir por las grietas de las rocas un resplandor vivo y brillante, como el que despide una fragua ardiendo, y de eco en eco se repetía por las concavidades del monte el fragor de millares de martillos que caían con un estrépito espantoso sobre los yunques en donde los gnomos trabajaban el hierro de las minas, fabricando puertas, rastrillos, armas y toda la ferretería indispensable para la seguridad y complemento de la futura fortaleza. Aquello era un tumulto imposible de describir, un desquiciamiento general y horroroso: por un lado rebramaba el aire, arrancando las rocas, que se hacinaban con estruendo en la cúspide del monte; por otro mugía el torrente, mezclando sus bramidos con el crujir de los árboles que se tronchaban y el golpear incesante de los martillos, que caían alternados sobre los yunques, como llevando el compás en aquella diabólica sinfonía.

Los habitantes de la aldea, despertados de improviso por tan infernal y asordadora barahúnda, no osaban siquiera asomarse al tragaluz de sus chozas para descubrir la causa del extraño terremoto, no faltando algunos que, poseídos del terror, creyeron llegado el instante en que, próxima la destrucción del mundo, había de bajar la muerte a enseñorearse de su imperio, envuelta en el jirón de un sudario, sobre un corcel fantástico y amarillo, tal como en sus revelaciones la pinta el Profeta.

Esto se prolongó hasta momentos antes de amanecer en que los gallos de la aldea comenzaron a sacudir las plumas y a saludar el día próximo con su canto sonoro y estridente. A esta sazón, el rey, que se volvía a su corte haciendo pequeñas jornadas y que accidentalmente había dormido en Tarazona, bien porque de suyo fuese madrugador y despabilado, bien porque extrañase la habitación, que todo cabe en lo posible, saltaba de la cama listo como él solo y después de poner en un pie, como las grullas, a su servidumbre, se dirigía a los jardines del palacio. Aún no habría pasado una hora desde que vagaba al azar por el intrincado laberinto de sus alamedas, departiendo con uno de sus capitanes todo lo amigablemente que puede departir un rey, y moro por añadidura, con uno de sus súbditos, cuando llegó hasta él, cubierto de sudor y de polvo, el más ágil de los corredores de la frontera y le dijo, previas las salutaciones de costumbre:

-Señor, hacia la parte de la raya de Castilla sucede una cosa extraordinaria. Sobre la cumbre del monte de Trasmoz y donde ayer no se encontraban más que rocas y matorrales, hemos descubierto al amanecer un castillo tan alto, tan grande y tan fuerte como no existe ningún otro en todos vuestros estados. En un principio dudamos del testimonio de nuestros ojos, creyendo que tal vez fingía la mole la niebla arremolinada sobre las alturas; pero después ha salido el sol, la niebla se ha deshecho y el castillo subsiste allí oscuro, amenazador y gigante, dominando los contornos con su altísima atalaya.

Oír el rey este mensaje y recordar su encuentro con el mendigo de las alforjas, todo fue una cosa misma; y reunir estas dos ideas y lanzar una mirada amenazadora e interrogante a los que estaban a su lado, tampoco fue cuestión de más tiempo. Sin duda su alteza árabe sospechaba que alguno de sus emires, conocedores del diálogo del día anterior, se había permitido darle una broma sin precedentes en los anales de la etiqueta musulmana, pues con acento de mal disimulado enojo exclamó, jugando con el pomo de su alfanje de una manera particular con que solía hacerlo cuando estaba a punto de estallar su cólera.

-¡Pronto, mi caballo más ligero y a Trasmoz, que juro por mis barbas y las del Profeta que, si es cuento el mensaje de los corredores, donde debiera estar el castillo he de poner una picota para los que le han inventado!

Esto dijo el rey, y minutos después, no corría, volaba camino de Trasmoz, seguido de sus capitanes. Antes de llegar a lo que se llama el Somontano, que es una reunión de valles y alturas que van subiendo gradualmente hasta llegar al pie de la cordillera que domina el Moncayo, coronado de nieblas y de nubes como el gigante y colosal monarca de estos montes, hay, viniendo de Tarazona, una gran eminencia que lo oculta a la vista hasta que se llega a la cumbre. Tocaba el rey casi a lo más alto de esta altura, conocida hoy por la ciezma, cuando, con grande asombro suyo y de los que le seguían, vio venir a su encuentro al viejecito de las alforjas con la misma túnica, raída y remendada del día anterior, el mismo turbante hecho jirones y sucio, y el propio báculo tosco y fuerte en que se apoyaba, cuando, en son de burla, después de haber oído su risible propuesta, le arrojó una moneda para que comprase pan y cebollas. Detúvose el rey delante del viejo, y éste, postrándose de hinojos y sin dar lugar a que le preguntaran cosa alguna, sacó de las alforjas, envueltas en un paño de púrpura, dos llaves de oro, de labor admirable y exquisita, diciendo al mismo tiempo que las presentaba a su soberano:

-Señor, yo he cumplido ya mi palabra, a vos toca sacar airosa de su empeño la vuestra.

-Pero, ¿no es fábula lo del castillo? -preguntó el rey entre receloso y suspenso, y fijando alternativamente la mirada, ya en las magníficas llaves, que por su materia y su inconcebible trabajo valían de por sí un tesoro, ya en el viejecillo, a cuyo aspecto miserable se renovaba en su ánimo el deseo de socorrerle con una limosna.

-Dad algunos pasos más y le veréis -respondió el alcaide, pues una vez cumplida su promesa y siendo la que le habían empeñado palabra de rey, que al menos en estas historias tiene fama de inquebrantables, por tal podemos considerarle desde aquel punto.

Dio algunos pasos más; el soberano llegó a lo más alto de la Ciezma y, en efecto, el castillo de Trasmoz apareció a sus ojos, no tal como hoy se ofrecería a ustedes, si por acaso tuvieran la humorada de venir a verlo, sino tal como fue en lo antiguo, con sus cinco torres gigantes, su atalaya esbelta, sus fosos profundos, sus puertas chapeadas de hierro, fortísimas y enormes, su puente levadizo y sus muros coronados de almenas puntiagudas.

Al llegar a este punto de mi carta, me apercibo de que sin querer he faltado a la promesa que hice en la anterior y ratifiqué al tomar hoy la pluma para escribir a ustedes. Prometí contarles la historia de la bruja de Trasmoz y, sin saber cómo, les he relatado en su lugar la del castillo. Con estos cuentos sucede lo que con las cerezas: sin pensarlo, salen unas enredadas en otras. ¿Qué le hemos de hacer? Conseja por conseja, allá va la que primero se ha enredado en el pico de la pluma; merced a ella, y teniendo presente su diabólico origen, comprenderán ustedes por qué las brujas, cuya historia quedo siempre comprometido a contarles, tienen una marcada predilección por las ruinas de este castillo y se encuentran en él como en su casa

El Contemporáneo

10 de julio, 1864 [A]

Comentario de M Mercé Rosselló.
merc3
m_mrossello@hotmail.com | 83.44.142.41

M.Mercè Rosselló Villalonga
2n.Batx. A

Gustavo Adolfo Bécquer
Cartas desde mi Celda. Carta Séptima.

Gustavo Adólfo Bécquer nació en 1836 en Sevilla. Desde pequeño quedó huérfano de padre y madre y por eso vivió su infancia en casa de su madrina.
Era un joven bastante pobre y malvivió escribiendo artículos en periódicos. “Cartas desde mi celda”, es un conjunto de artículos compuestos durante su estancia en el monasterio de Veruela, que primeramente se publicaron en un periódico de la zona.

La carta séptima está ambientada en el castillo de Trasmoz(1). El autor (y a la vez narrador omnisciente) en su publicación (dice que) quería contar la historia de la bruja de Trasmoz, pero sin darse cuenta, ha contado la de un castillo.
Empieza anunciando que fue construido por un brujo en una sola noche. La construcción la hace con ayuda de todos los espíritus que el anciano brujo invoca. Empieza por los de aire, los de tierra, de fuego y también por los de agua. Al final construye el castillo más alto y más grande de todos los tiempos.
Los principales protagonistas de la Carta Séptima son el viejo brujo y el reyezuelo moro. (Describe) al reyezuelo moro como una persona autoritaria y bastante inteligente, en cambio al hombre lo defino como una persona sencilla, buena(2) y a la vez, también inteligente.

Cabe destacar que, Bécquer nos sitúa las acciones en un mundo entre los musulmanes, debido a que el es cristiano y critica sin aceptar a otras culturas como por ejemplo, la de los musulmanes(3).

Como en todas las obras de Bécquer, su narración está escrita con un estilo sin excesos retóricos, buscando la perfección formal a través de la sencillez.

Muchas de las obras de Bécquer nos dan una idea de cómo es el escritor/poeta y de sus sentimientos(4). Esta narración sólo nos ayuda a entender por qué el autor decidió escribir unas cartas cuando se encontraba en el monasterio de Veruela. Se encontraba solo y adoraba la literatura.
Era un autor del romanticismo y en estas cartas queda reflejado. Él exalta las costumbres y tradiciones de diferentes lugares y sobretodo las leyendas (fantásticas).
Notas
1. ¿Y dónde está el castillo de Trasmoz?
2. ¿Dónde aparece su bondad?
3. ¿Qué crírica hace a los musulmanes? Yo no la veo.
4. Esta obra no es lírica. No hay expresión de sentimientos. Es una narración fantástica.

El comentario es muy flojo. No relacionas la narración con las características generales del romanticismo, y eso que aquí están bien presentes, gusto por la antigüedad medieval, lo irracional, la magia… No explicas tampoco qué orden temporal sigue la trama, ni el tipo de narrador, etc.

mayo 18, 2008

Bodas de sangre

Filed under: Generación del 27 — julen @ 7:25 pm





Aquí tenéis unos fragmentos de la versión de Carlos Saura. Es una versión mucho más libre que la de “La Casa de Bernarda Alba”, que es casi literal; pero no está mal para ambientar un poco el comentario.

1. Maria Antònia Fons Salas
2n Bach. A

BODAS DE SANGRE (VOLUNTARIO)

Si hubo alguien de la Generación del 27 que demostrase su capacidad de dramaturgo, ese escritor fue García Lorca. Su teatro raya a una altura pareja a la de su obra poética y constituye una de las cumbres del teatro español y universal. Tras su dramática muerte en la guerra, Lorca es admirado, leído y representado en todo el mundo; en España, en cambio, no accede a los escenarios durante muchos años, tanto por la censura como por no autorizarlo su familia.
Motivos centrales.
El universo dramático de Lorca está estructurado sobre una sola situación básica, resultante del enfrentamiento conflictivo de dos series de fuerzas, el principio de autoridad y principio de libertad. Cada uno de estos principios básicos del teatro lorquiano son siempre los dos polos fundamentales de su teatro. Y a cada uno de ellos corresponde una constelación de símbolos o de temas simbólicos.
Concepción teatral.
Criticó el teatro al uso, en manos de empresas absolutamente comerciales y censuró el teatro en verso, mientras mostraba simpatía por géneros del teatro popular, como el vodevil , la revista o el guiñol. Con el tiempo, se hace más fuerte en Lorca una idea didáctica del teatro, persuadido que las exigencias artísticas son compatibles con su función educadora. Ello va acompañado de un creciente enfoque social o popular del género dramático.
Trayectoria teatral:
a.Los comienzos:
Comienza su trayectoria dramática con El maleficio de la mariposa (1920), obra de raíz simbolista. Pero su primer éxito llega con Mariana Pineda (1925). En estos comienzas experimenta con formas y registros distintos: el teatro simbolista, el drama, la farsa, lo popular, lo guiñolesco.
b.La experiencia vanguardista
Bajo la influencia del surrealismo, Lorca escribe tres comedias bajo la denominación de “teatro imposible”: El público (1933), Así que pasen cinco años (1931) y Comedia sin título.
c.La plenitud: tragedias y dramas
Tras estos pasos por el teatro imposible, Lorca dará un giro decisivo hacia un camino propio, en donde une rigor estético y alcance popular. En casi todas las obras de esta etapa la mujer ocupa un puesto central, que revela la sensibilidad de Lorca ante la condición de la mujer en la sociedad tradicional.(3)
Esta obra fue escrita en 1933, en plena II República. Pertenece al género teatral, es una tragedia. NO HAY NARRADOR, ES TEATRO (4)(El narrador es omnisciente, el destinatario de esta obra son todas las personas que la leerán), la intención del autor es que si haces algo que va en contra de las normas, el final será trágico.(1)
El tema de esta obra es la venganza (2)(cuando el novio quiere vengarse de que Leonardo y la novia se fugasen juntos), el deseo (el deseo que la novia tiene de estar con Leonardo y el mismo deseo por parte de Leonardo de estar con la novia), la muerte (la muerte del novio y Leonardo al final de la obra, la muerte del padre y del hermano del novio), etc. Resumen: el novio y la novia se casan. En el mismo día de su casamiento, antes del baile, la novia se fuga con Leonardo (una antiguo novio suyo que esta casado con su prima y tiene un hijo). Todos se dan cuenta y los empiezan a buscar por el bosque. El novio se encuentra con una mendiga que es la muerte y ésta le dice que sabe donde están los fugados. Él se deja guiar por ella y al final Leonardo y el novio acaban muertos. Al final de la obra, la novia se presenta ante la madre del novio y le pide que la mate para así poder estar con los dos hombres, pero la madre se niega. El espacio es la finca de la novia, la casa del novio y la casa de Leonardo. El tiempo de esta novela es de tres días aproximadamente. Tiene acotaciones en el principio de cada parte, y para explicar palabras que no se entienden. Hay catorce personajes en total (el novio, la novia, la mujer, Leonardo, el padre, la madre, la suegra de Leonardo, la criada, el mozo, la vecina, el leñador, muchachas, la luna y la muerte). Contiene respuestas rápidas, pero también hay respuestas lentas.
Esta obra se divida en tres partes: la primera parte es la introducción, y contiene tres cuadros; la segunda parte es el desarrollo, y contiene dos cuadros; y la tercera parte es la conclusión, y contiene dos cuadros.
Hay adjetivos para describir los lugares y como van vestidos los personajes. Los tiempos verbales son en presente, predominan las oraciones simples como “no se debe decir”, y oraciones subordinadas como “no son horas de ponerte triste”. Hay campos semánticos que tiene que ver con la muerte, la mendiga y la luna, con el matrimonio, el azahar, el paso del tiempo, mañana y el jueves que viene. Se utiliza distintos modos de elocución como la descripción (en las acotaciones), el diálogo (toda la obra), y la poesía (las canciones que hay introducidas en la obra). El lenguaje es estándar.
En resumen, se demuestra que si haces algo que esta mal, al final te tienes que atener con las consecuencias de este hecho, y esto es lo que les pasa a la novio y a Leonardo, debido a que se escapan cuando ella ya esta casada con el novio, él al final muere y ella se queda sin su “amante” y sin su esposo, ya que éste también muere.(1)

Las fuentes de este trabajo han sido:
– Para la biografía he utilizado los apuntes del teatro anterior al 1936.
– Para hacer el trabajo en general he seguido el guión del comentario de texto y el libro de lectura para buscar ejemplos de la obra, para hacer el resumen, etc.

Comentario por marianfons — Mayo 18, 2008 @ 4:13 pm | Editar

Notas
Se puede sacar bastante más jugo a esta obra:
¿Por qué no se había podido casar antes con Leonardo?
¿Por qué se tiene que casar con su novio?
¿Por qué el novio está oblid¡gado a ir a buscar a los huidos?
¿Qué símbololos del teatro de Lorca vemos aquí?
¿Aparecen la confrontación del principio de autoridad y el principio de libertad?
¿Cómo están representados cada uno de ellos?
1. ¿Crees que Lorca está a favor de las normas sociales o a favor de los que las incumplen por seguir su deseo amoroso?
2. ¿Es el novio el que quiere vengarse o le obligan aunque él no quiera?
3. No es necesario copiar todos los apuntes del autor para situar su obra, basta con los datos más relevantes que tengan que ver con la obra.
4. Es una obra obra teatral, una tragedia, por lo tanto hablar de narrador en una obra teatral, salvo alguna rara excepción (como que algún personaje c¡uente una narración dentro de la obra), es una barbaridad.

La Casa de Bernarda Alba

Filed under: Generación del 27 — julen @ 4:29 pm

Como algunas os habéis animado a comentar La Casa de Bernarda Alba, para ambientar los comentarios os dejo estos cortes de la película que he bajado del youtube.








3 Comentarios »

1.

Maria Antònia Fons Salas
2n Bach. A

LA CASA DE BERNARDA ALBA (VOLUNTARIO)

Si hubo alguien de la Generación del 27 que demostrase su capacidad de dramaturgo, ese escritor fue García Lorca. Su teatro raya a una altura pareja a la de su obra poética y constituye una de las cumbres del teatro español y universal. Tras su dramática muerte en la guerra, Lorca es admirado, leído y representado en todo el mundo; en España, en cambio, no accede a los escenarios durante muchos años, tanto por la censura como por no autorizarlo su familia.
Motivos centrales.
El universo dramático de Lorca está estructurado sobre una sola situación básica, resultante del enfrentamiento conflictivo de dos series de fuerzas, el principio de autoridad y principio de libertad. Cada uno de estos principios básicos del teatro lorquiano son siempre los dos polos fundamentales de su teatro. Y a cada uno de ellos corresponde una constelación de símbolos o de temas simbólicos.
Concepción teatral.
Criticó el teatro al uso, en manos de empresas absolutamente comerciales y censuró el teatro en verso, mientras mostraba simpatía por géneros del teatro popular, como el vodevil , la revista o el guiñol. Con el tiempo, se hace más fuerte en Lorca una idea didáctica del teatro, persuadido que las exigencias artísticas son compatibles con su función educadora. Ello va acompañado de un creciente enfoque social o popular del género dramático.
Trayectoria teatral:
a.Los comienzos:
Comienza su trayectoria dramática con El maleficio de la mariposa (1920), obra de raíz simbolista. Pero su primer éxito llega con Mariana Pineda (1925). En estos comienzas experimenta con formas y registros distintos: el teatro simbolista, el drama, la farsa, lo popular, lo guiñolesco.
b.La experiencia vanguardista
Bajo la influencia del surrealismo, Lorca escribe tres comedias bajo la denominación de “teatro imposible”: El público (1933), Así que pasen cinco años (1931) y Comedia sin título.
c.La plenitud: tragedias y dramas
Tras estos pasos por el teatro imposible, Lorca dará un giro decisivo hacia un camino propio, en donde une rigor estético y alcance popular. En casi todas las obras de esta etapa la mujer ocupa un puesto central, que revela la sensibilidad de Lorca ante la condición de la mujer en la sociedad tradicional. (1)
La Casa de Bernarda Alba fue escrita en 1936, el mismo año en que empieza la Guerra Civil Española. Esta obra es la culminación del teatro lorquiano, tiene un enfoque social característico de la dramática, hay un final trágico. ES UNA OBRA DE TEATRO, NO HAY NARRADOR(2). En esta obra el narrador es omnisciente, el destinatario son todas las personas que leerán esta obra, la intención del autor es explicar como llegaba a ser la vida familiar de esa época(3).
El tema central de la obra es la autoridad, por parte de Bernarda Alba y la rebeldía, por parte de sus hijas. Resumen de la obra: tras la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba impone a sus cinco hijas, como luto, una larga y rigurosa exclusión. Pepe el Romano quiere casarse con la hija mayor de Bernarda Alba, Angustias, pero solo la quiere por el dinero que ella tiene de herencia de su padre (ella solo es hermana de las otras chicas por parte de madre). Adela mantendrá relaciones ocultas con Pepe, mientras que Martirio se enamora de él. Al final se descubre todo, Bernarda dispara contra Pepe y Adela se suicida pensando que le han matado.
La acción ocurre en un espacio cerrado, todo pasa en la casa de Bernarda Alba y el jardín. Las acotaciones aparecen al principio de los tres escenas, para mencionar como están colocados los protagonistas y para aclarar alguna palabra. Hay 17 personajes en total (Bernarda Alba, las cinco hermanas, la madre de Bernarda Alba, la criada, Prudencia, la Poncia, mujeres de luto y la muchacha). En el diálogo predominan las respuestas rápidas, y algunas de lentas.
Esta obra se divida en tres escenas, cuando se muere el padre y Bernarda Alba impone a sus hijas estar encerradas mientras dure el luto, cuando se sospecha que Adela mantiene relaciones con el prometido de su hermana, y cuando se descubre todo y Adela se suicida.
Esta obra se puede dividir en tres partes, la primera escena es la introducción, la segunda escena es el desarrollo y la tercera escena la conclusión. Los tiempos verbales pertenecen al presente.
Predominan las oraciones simples como: “¿está bien cerrada?”, y las oraciones subordinadas como: “ya tengo el doble de esas campanas metido entre las sienes”. Como ya he dicho, los tiempos verbales pertenecen al presente. Hay símbolos como el mar o el campo como símbolos de libertad; el olivar es el ámbito de los encuentros eróticos; el agua y la sed son vida y anhelos. El lenguaje es estándar y muchas veces vulgar, ej: vieja lagarta recocida.
En resumen, esta obra demuestra que al final todo se descubre, como ha sucedido con el amor imposible entre Adela y Pepe. También se demuestra que si tienes atado a una persona, esta se rebela y acaba haciendo lo que quiere, aunque sea a escondidas.

No dices las fuentes de este trabajo: páginas web, bibliografía etc,

Comentario por marianfons — Mayo 17, 2008 @ 3:00 pm | Editar

Notas
1. Comentar una obra no es copiar los apuntes, ni contar la vida y obra del autor, sino sólo aquellos datos que sean relevantes en relación con el texto que se comenta.
2. HABLAR DEL NARRADOR EN UNA OBRA DE TEATRO ES UNA GRAN BARBARIDAD. hAY NARRADORES EN LAS OBRAS NARRATIVAS, NO EN EL TEATRO.
3. Es una obra pensada para ser representada, no sólo leída.
4. La intención del autor no es sólo presentar un tipo de familia, sino que pone en juego una serie de valores o de fuerzas contrapuestas, representadas por Adela, Bernarda, Pepe el Romano… ¿Qué representa cada uno de estos personajes?
Creo que esta obra puede dar de sí bastante más. A ver si eres capaz de encontrarlo.

2.

Catalina Amer Ferragut
2 Batxiller A.

La casa de Bernarda Alba, de Federico GArcía Lorca

Federico García Lorca nació en 1898 en un municipio de Granada. Su madre era maestra, y fue quien le transmitió el gusto literario. A muy temprana edad ya era capaz de recitar canciones populares, escenificaba escenas religiosas y se formó en casa con las lecturas de Victor Hugo o Cervantes. Ingresó en la Residencia de estudiantes de Madrid, donde convivió con poetas como Juan Ramón Jiménez o artistas como Dalí o Buñuel. Finalmente se graduó de la carrera de Derecho en Granada. Participó, junto a otros poetas como Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti o Vicente Aleixandre, en el homenaje a Góngora el 1927 y, de ahí, y debido a que todos los escritores tenían similitudes y establecieron una amistad entre ellos, se los llamó la Generación del 27.
“Impresiones y paisajes” es su primer libro publicado en 1918. A partir de este, empezó a publicar obras, como “El maleficio de la mariposa” o “Mariana Pineda”, o poesía como “Canciones” o “Romancero Gitano”. En 1929 se marchó a Nueva York, de lo que surgió “Poeta en Nueva York”. Al año siguiente, en Cuba y bajo la influencia del surrealismo, escribió “Así que pasen cinco años” y “El público”.
Durante la Segunda República fue nombrado uno de los directores de la compañía estatal de teatro “La barraca”. Y, además, escribió sus mayores éxitos: “Yerma”, “Doña Rosita la Soltera”, “Bodas de sangre” y “La casa de Bernarda Alba” (su gran éxito), entre otras.
Llegó la Guerra Civil, rechazó el exilio y se instaló en Granada. Debido a una denuncia anónima, fue detenido y parece ser que fue fusilado el 18 de agosto.
Es el poeta más popular y de mayor influencia del siglo XX y es uno de los que alcanzó la cima del teatro español en el mismo siglo, junto con otros como Valle-Inclán. La casa de Bernarda Alba es su mayor éxito en teatro.

Su obra está influida por poetas clásicos como Góngora, Juan Ramón Jiménez o por la poesía popular. La metáfora y los símbolos son unos de los recursos mas usados. Respecto al teatro, criticó el teatro de las compañías comerciales y censuró el verso. Además, se interesó por los géneros del teatro popular, como son el guiñol, las revistas o el vodevil. Sus obras adoptaron la idea didáctica del teatro, en el cual fue creciendo su enfoque social o popular.

Parece ser que “La casa de Bernarda Alba” fue escrita de un tirón y en un tiempo probablemente mínimo. El manuscrito está fechado el 19 de junio de 1936. Lorca la escribió con toda seguridad y creyendo comenzar, entonces, su verdadera carrera de poeta dramático. Aún así, se dice que Lorca solo estaba satisfecho del primer acto, y planteó la posibilidad de modificar los otros dos. Además, dudó sobre la aparición de un hombre en el escenario. Pero, debido a la detención de Lorca, el manuscrito fue escondido.

La obra explica la historia de la familia de Bernarda Alba. Ésta, al acabar de morirse su segundo marido, impone ocho años de luto y reclusión en su casa a sus cinco hijas. Angustias, la hija mayor y del primer marido empieza a verse con Pepe el romano, que se quiere casar con ella por su dinero, ya que es la única que posee fortuna. Pero la hija pequeña, Adela, más atractiva y joven, se enamora de Pepe y mantienen relaciones, aunque no lo sabe nadie. Poncia, la criada, lo descubre y, aunque no está de acuerdo y advierte a Bernarda, intenta ocultarlo, ya que no se lo cuenta.
Martirio, también está enamorada de Pepe, pero por desgracia no lo puede tener. Por eso, cogió la foto que tenia Angustias de él y se la quedó, armando polémica sobre quién tenía la fotografía.
Finalmente, una noche, Martirio descubre la relación de Pepe con Adela y, llena de celos, llama a su madre. La casa se despierta y todas lo descubren. Entonces, Bernarda coge la escopeta y dispara contra Pepe. Pero le falla la puntería. Aún así, Adela cree que ha muerto y se suicida, ahorcándose.

El principio de autoridad, representado por Bernarda, y el de libertad, representado por Adela, es el tema central de la obra. Bernarda es la representación de la represión, la autoridad, impone de manera cruel condiciones y obligaciones para sus hijas. En cambio, Adela, representa el ansia de libertad mediante la rebeldía. Encerradas en su casa y de luto, las hijas de Bernarda sueñan con poder salir al exterior y encontrar un marido. Aún así, Adela es la única que se atreve y se rebela.
Encontramos otros temas como son la sumisión de la mujer, ya que dice en diversas ocasiones cita como “Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón.” o los castigos que se cuentan que dan a las mujeres infieles; la moral conservadora y las convenciones sociales, ya que Bernarda se rige por los valores de la iglesia i por lo que pensaran de ellas los demás, por lo que no pueden hacer nada fuera de lo normal y, sobretodo, el luto; la autoridad, que permite a Bernarda tratar a las criadas y a sus hijas como objetos sin tener en cuenta sus sentimientos y derrochando una gran prepotencia; la hipocresía de la sociedad, reflejada en las conversaciones de las mujeres de luto cuando están dando el pésame a Bernarda, Pepe que se quiere casar con angustias por dinero o Bernarda cuando cree hacer creer que Adela murió virgen; la soltería de las señoritas de la burguesía, que con cuarenta años aún no se han casado y están desesperadas para encontrar marido; y la envidia, reflejada en los celos de Martirio ante Adela y de todas las hermanas ante la futura boda de Angustias, y la envidia hacia Angustias por ser la única heredera rica.

Respecto al espacio, la acción sucede en casa de Bernarda Alba. En cada acto se muestra un escenario diferente: una habitación blanquísima con puertas en arco, una habitación que da a los dormitorios y, finalmente, el patio interior. Es un espacio cerrado, que representa el luto, la represión. En contraste, está el exterior, que representa la libertad, pero también las convenciones sociales.

La obra no indica el tiempo que transcurre desde el principio hasta el final. Pero podemos afirmar que pasan algunos días, ya que, al principio, Angustias aún no está prometida con Pepe y casi nadie lo sabe. En el segundo acto ya lo saben sus hermanas y Bernarda y dicen que Pepe va todas las noches a hablar con Angustias a la ventana de su cuarto, lo que significa que ha pasado tiempo.

Las acotaciones son objetivas(3). El autor se limita a describir sin muchos detalles la escena al principio de cada acto. Lo hace con oraciones simple, por ejemplo: “Muros gruesos.”, “Sillas de anea”, “Las puertas de la izquierda dan a los dormitorios”, … En medio de los actos, breves acotaciones interrumpen la acción para indicar los movimientos de los personajes, por ejemplo: “Se lleva las manos al cuello”, “Se duerme”…

Todos los personajes son mujeres. Lorca no se para a describir los aspectos físicos de todas ellas. Aparecen diez personajes importantes:
– Bernarda Alba, el personaje principal, la madre de las cinco hijas. Es el reflejo de la autoridad que somete a sus hijas y a las sirvientas. Tiene 60 años.
– Angustias, la hija mayor de Bernarda. Es hija de su primer marido, la única que ha heredado una fortuna. Está prometida con Pepe el romano. Tiene 39 años.
– Adela, hija pequeña de Bernarda y su segundo marido. Mantiene relaciones sexuales con Pepe el romano, el prometido de su hermana Angustias y del que está enamorado. Representa el ansia de libertad, y lo pretende conseguir rebelándose a su madre. Tiene 20 años.
– Martirio, hija de Bernarda. Está enamorada de Pepe, aunque no lo pueda tener. Tiene 24 años.
– Magdalena y Amelia, hijas de Bernarda. Con 30 y 27 años respectivamente. Se conforman con la vida que tienen y se adaptan a la sumisión de la madre.
– María Josefa, la madre de Bernarda. Es el personaje cómico de la obra. Está medio loca y dice que se irá a la costa porque quiere casarse. Tiene 80 años.
– Poncia, criada de confianza de Bernarda. Tiene 60 años.
– Otra criada, de 50 años.
– Prudencia, amiga de Bernarda, de 50 años.
Otro personaje principal es Pepe el Romano, que no sale en escena, pero es el eje principal sobre el cual gira la historia. Es el prometido de Angustias, aunque solo por el dinero. En cambio, mantiene una estrecha relación con Adela.
Además de todos ellos, aparecen en el primer acto personajes como las mujeres de luto y la mendiga con una niña.

El diálogo que mantiene entre ellas es rápido y con intervenciones cortas. No encontraremos ningún monólogo. Todo son diálogos, comentarios que van haciendo los distintos personajes espontáneamente y de manera sistemática, como por ejemplo en el fragmento:
“-Y Angustias, ¿cuaádo se casa?
-Vienen a pedirla dentro de tres días.
¡Estarás contenta!”

La estructura externa
La obra está dividida en tres actos, que representan momentos y lugares distintos de la casa. En los tres la acción continúa sin haber importantes cambios. Los hechos y los diálogos se suceden de manera encadenada, por lo que no es necesario cambiar de escena. Al principio de cada uno encontramos una acotación describiendo la escena. En medio de cada acto encontramos otras acotaciones que indican los movimientos y las acciones de los personajes.

La estructura interna
La obra está dividida simplemente en tres actos, aunque por el contenido y por las diferentes conversaciones entre unos personajes y otros debemos destacar distintas partes en cada acto.
El primer acto corresponde a la situación inicial (la muerte del marido de Bernarda, la situación de sus hijas y el noviazgo de Angustias). En el primer acto, debemos señalar tres partes. La primera corresponde al diálogo entre la criada y Poncia, donde introducen la historia: la casa, Bernarda y su autoridad, la muerte de su marido, las hijas, su pobre situación personal,… La segunda parte empieza cuando entran en escena las mujeres de luto, Bernarda y sus hijas y se disponen a rezar por el alma del fallecido marido de Bernarda, hasta que se van. Y, la tercera parte, empieza cuando se han ido todas las señoras de luto y quedan en escena Bernarda, sus hijas, Poncia y la criada. En esta parte, Bernarda impone las condiciones que tendrán que cumplir sus hijas: luto durante ocho años; se muestra la conversación de las hijas y su opinión al respecto. Además, se deja entrever una posible relación entre Angustias y Pepe.
El segundo acto se correspondería con el nudo de la historia. Aparece el problema: Adela mantiene relaciones sexuales con Pepe, el prometido de Angustias. En el segundo acto, la primera parte refleja cuando las hijas están cosiendo y hablan de la relación de Angustias con Pepe, que ya están prometidos. Otra parte podemos fijarla cuando todas las hijas menos Adela abandonan la escena y la hija pequeña queda a solas con Poncia, que le dice que ha descubierto su relación con Pepe. Entonces, entran otra vez las hijas y empieza la tercera parte, en que siguen su conversación. La cuarta parte empieza cuando entra Angustias muy enfadada porque alguna de sus hermanas le ha robado su fotografía de Pepe. Poncia mira en todas las habitaciones y encuentra la foto en la habitación de Martirio. La parte siguiente es la conversación que mantienen Poncia y Bernarda, en la que la criada le advierte que en su casa está pasando algo que no debería pasar. Al final, entran todas las hijas y se acaba el acto.
El tercer acto se corresponde con el desenlace de la historia: se descubre la relación de Adela con Pepe, Bernarda dispara a Pepe y Adela se suicida. Empieza en el patio interior de la casa, mientras todas están comiendo y hablan con Prudencia, que pide informes sobre la boda de Angustias. La segunda parte empieza cuando las hijas se van a la cama y Bernarda habla con Poncia, quien le vuelve a advertir que algo está pasando. Bernarda se va a la cama y siguen hablando Poncia y la criada. La parte siguiente empieza cuando María Josefa se escapa y Martirio la descubre y la manda a la habitación. Entonces, Martirio descubre a Adela con Pepe, empiezan una discusión y se desencadena el final. La casa se despierta, Bernarda dispara a Pepe y Adela se suicida.

Análisis formal

Debido a las cortas interrupciones de los personajes y del continuo diálogo, la obra tiene un ritmo muy marcado, un ritmo rápido y fluido. Todo eso le da un valor real a la obra.

En toda la obra abunda un lenguaje estándar, ya que la familia de Bernarda, aunque no sea rica, es una familia distinguida y cuidan su vocabulario. Por lo que no abundan los vulgarismos ni, por otra parte, los cultismos.

Podemos encontrar muchos recursos literarios en toda la obra. Destacando algunos, encontramos expresiones, como “metido entre las sienes”, “duermo como un tronco”, “estirar las piernas y tomar un poco el fresco”, “se pone una venda en los ojos”; exclamaciones: “¡Ya has derramado la sal!”, “¡Es que son malas!”…; interrogaciones: “¿Está bien encerrada?”, “¿Te ha regalado ya el anillo?”, “¿Que cuenta Pepe?”, comparaciones: “tiene unos dedos como cinco ganzúas”, “…hasta ponerla como un lagarto machacado por los niños”, “cuando decía amén era como si un lobo hubiese entrado en la iglesia”, “los pobres son como los animales”, “como si tocara la guitarra”, “bregando como un hombre”, “tiene el cielo unas estrellas como puños”,…; metáforas: “Sangre en las manos tengo de fregarlo todo”, “pero yo soy buena perra…”, “siegan entre llamaradas”, “yo veía la tormenta venir”,…; palabrotas: maldita sea, lengua de cuchillo, lagarta recocida, sarmentosa por calentura de varón,…;etc.
Además, en la obra podemos encontrar también muchos símbolos:
– El mar o el campo como símbolos de libertad, María Josefa lucha por escapar y irse a la costa y casarse, ansia de libertad.
– El olivar es el lugar donde ocurren los encuentros eróticos y sexuales.
– El agua y la sed son vida y anhelos, hacen también referencia al deseo sexual, ya que tanto Martirio como Adela se levantan por que tienen sed, cuando no es verdad.
– El blanco y el negro. El negro hace referencia al luto a la represión, la ocultación. En cambio, el blanco es señal de vida, de libertad.
– El color verde del vestido de Adela. Para Lorca, el color verde significa rebeldía. I, efectivamente, es Adela quien se rebela contra su madre y sus valores.
– El bastón de Bernarda, como símbolo de tiranía. Es la gran opresora, que impone unos valores.

Personalmente, me ha sorprendido que una de las mejores obras teatrales de Lorca explicara una historia tan sencilla. Esperaba que, al ser una obra tan conocida y admirada, tuviera un argumento más complicado. A lo mejor tengo esta impresión porque la he leído después de La Colmena, donde se entrecruzan muchísimos personajes y muchísimas historias. Por eso, ésta es mucho más fácil de entender. Hay que tener en cuenta que al ser una obra teatral, se tiene que representar y esto requiere una historia simple, ya que la escenografía tiene unos límites. Además, me ha llamado la atención cómo Lorca es capaz de tocar tantos temas diferentes, como son la hipocresía de la sociedad, el amor, el sexo, el dinero, los valores morales y el luto, las convenciones sociales, la represión,…con un argumento tan sencillo. Y como, todos los recursos estilísticos que utiliza, no hacen que la obra parezca una obra literaria, sino que cuando la lees te da la impresión que son diálogos reales, ya que utiliza muy bien las intervenciones y réplicas cortas. Estas breves intervenciones, además, hacen que la lectura sea más fluida y con un cierto ritmo, por lo que no aburre ni cansa. La historia está muy bien realizada y el autor da a entender muy bien los sentimientos de las hijas al encontrarse encerradas en casa y bajo las órdenes de una madre autoritaria. Aún así, para poder acabar de entenderla y ver bien todas las intenciones, lo mejor sería verla representada.

Notas
1. No citas tus fuentes
2. No hace falta contar toda la vida y milagros del autor, sólo aquellos aspectos más relevantes.
3. Cuidado que la “objetividad”, nos impida ver los valores simbólicos de las acor¡taciones. valor simbólico de los colores, el grueso de los muros, los espacios cerrados, etc.

Comentario por catalinaaf — Mayo 18, 2008 @ 1:46 pm | Editar

mayo 5, 2008

La generación del 27

Filed under: Generación del 27 — julen @ 10:51 pm

Apuntes de J. Pérez-Sevilla
la-poesia-del-siglo-xx_la-generacion-de-19271
el-teatro-del-siglo-xx-anterior-a-19361
Generación del 14+vanguardias+generación del 27 (Aula de letras)
La generación del 27 en Aula de Letras

Cernuda

abril 27, 2008

más exámenes

Filed under: exámenes — julen @ 10:44 pm

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examen2bachiller1evaluacion-291107conlogo
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examen2bachiller2evaluacion-luces-de-bohemia-11

más exámenes

Filed under: general — julen @ 10:28 pm

examen2bach1911071eva1
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examen2bachiller1evaluacion-291107conlogo
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Novecentismo y vanguardias

Filed under: Literatura — julen @ 8:01 am
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JRJ JRJ y su mujer Zenobia Camprub�Platero y yo
Juan Ramón Jiménez en wikipedia

http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Ram%C3%B3n_Jim%C3%A9nez

JRJ en Aula de Letras
http://www.auladeletras.net/aula/mod/resource/view.php?id=162

JRJ, en animación a la lectura MEC

Novecentismo en wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Novecentismo

Ultraísmo en wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Ultra%C3%ADsmo
Creacionismo en wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Creacionismo_%28poes%C3%ADa%29

futurismo en wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Futurismo
dadaísmo

dadaísmo en wikipedia

surrealismo en wikipedia

narrativa-de-la-generacion-del-14

Ramón Pérez de Ayala

abril 9, 2008

Literatura posterior a la Guerra Civil

Filed under: Literatura posterior a la Guerra Civil — julen @ 10:29 pm

Aquí tenéis un cuadro resumen de la literatura posterior a la Guerra Civil, a partir de unos apuntes de Salvador Bastidas
la-literatura-de-la-2c2aa-mitad-del-s-xx1

Aquí unos temas de J. Pérez Sevilla de:
narrativa de posguerra
la-narrativa-del-siglo-xx_narrativa-de-postguerra

Literatura en el exilio:
Francisco Ayala
http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Ayala

Max Aub

Ramón J Sender

Manuel Andújar

Rosa Chacel

Poesía de posguerra
la-poesia-del-siglo-xx_poesia-de-posguerra

Ángel gonzález
Ángel González. La generación de los 50
Aquí tenéis unos enlaces muy interesantes, lectura de poemas, etc.

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema3.php&pid=11381

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/AGonzalez/Poema/pag01.htm

http://www.iesgrancapitan.org/blog02/?p=69

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit.php&wid=603&show=poemas&p=Angel+Gonz%E1lez

Y el teatro de posguerra
el-teatro-posterior-a-la-guerra-civil

marzo 18, 2008

tcuento, ¡qué nivel, Maribel!

Filed under: general — julen @ 9:15 am

tcuento

Esta es la página que algunos de vuestros compañeros utilizan para insultar, amenazar, humillar , degradar etc.  a otros compañeros y también, en menor medida a algún profesor, e incluso a grupos sociales completos (mallorquines, gitanos, forasters…). Incluso es frecuente firmar con el nombre de otra persona el ataque a un tercero.

No es una cuestión local, que afecte sólamente al instituto de Artà, y durante la semana pasada lo hemos podido ver en la prensa:

opinión DM, Sebastià Verd

portada DM sábado 15 de marzo

El Govern denuncia la web escolar por dos presuntos delitos contra menores

Internet, una buena herramienta que tiene sus peligros

Los directores

La Consellera de Educación

Los escolares baleares utilizan una web para insultarse y humillarse

Podríamos poner más enlaces, que no necesariamente significan más información. Lo que hace falta es valorar qué hay detrás de esta página y de los alumnos que la han utilizado.

Ahora voy a escribir algo que seguramente es “políticamente incorrecto”. Allá va.  Creo que esta página web, es una especie de termómetro, de botón muestra que nos permite apreciar qué tipo de personas, de alumnos circula por los institutos, (el de Artà, el nuestro, y los demás). El problema no es internet, ni la tecnología. El problema es el tipo de ciudadanos, de personas que aprovechándose de un presunto anonimato se dedican a quitarse la careta (¿o ponerse otra?) y a machacar a quienes envidian, a quienes creen inferiores a ellos, o más débiles, a quienes odian, etc.

Y ahora viene lo políticamente incorrecto: “gracias a esta página” hemos podido ver que hay alumnos que actúan así, y que probablemente “sean o sientan o se sientan así”. Sin internet a su alcance estos alumnos serían y sentirían posiblemente lo mismo, y sus acciones de acoso, de bulling, de humillación hacia sus compañeros y hacia los profesores se realizarían de una manera menos visible, menos aparatosa; pero no menos real, dañina, peligrosa e inaceptable.

En la página del IES Llorenç Garcies i Font hoy, domingo 16 de marzo, hay 828 entradas. Supongo que serán unas 20 ó 30 personas quienes han colgado esta basura a lo largo de un mes. Supongo que la mayoría de los alumnos pasa bastante de estas bajezas; pero mientras esta mayoría no se exprese, no dé la cara, y no deje claro que estos comportamientos no son aceptables, ni “populares”, ni guays, estos ataques continuarán.

Quizá la Guardia Civil cierre la web en cuestión, cosa que no estaría mal; pero eso no basta para que quienes ahora han utilizado esta web para maltratar a sus compañeros lo sigan haciendo de forma menos sofisticada, sin internet, como siempre se ha fastidado y acosado a los compañeros. Nos daremos menos cuenta, pasarán más desapercibidos.

¿Qué hacemos? ¿le echamos la culpa a internet o abordamos el problema de las relaciones interpersonales, de la convivencia en los centros educativos? ¿Le echamos la culpa a internet o intentamos cambiar las mentalidades, los valores, “el coco” de unos compañeros que creen que está bien eso de humillar y amenazar a los demás?

marzo 16, 2008

Una de registros

Filed under: general — julen @ 10:32 pm
Versatilidad del castellanoUn político , que estaba en plena campaña , llegó a un pueblo del interior, se paró arriba de un cajón y comenzó su discurso:

– ¡Compatriotas, compañeros, amigos! Nos encontramos aquí convocados, reunidos o arrejuntados, para debatir, tratar o discutir un tópico, tema o asunto trascendente, importante o de vida o muerte.

El tópico, tema o asunto que hoy nos convoca, reúne o arrejunta, es mi postulación, aspiración o candidatura a la Intendencia de este municipio.

De pronto una persona del público interrumpe, pide la palabra y le pregunta al candidato:

– ¿Por qué utiliza usted tres palabras para decir lo mismo?

– Pues mire, caballero: la primer palabra es para las personas con un nivel cultural muy alto, como poetas, escritores, filósofos, etc. La segunda es para personas con un nivel cultural medio, como usted y la mayoría de los que están aquí hoy. Y la tercer palabra es para las personas que tienen un nivel cultural bajo como por ejemplo, ese borracho que está allí, tirado en la esquina.

De inmediato, el borracho, se levanta y le dice:

– Postulante, aspirante o candidato . . (hic).

El hecho, circunstancia o razón de que me encuentre en un estado etílico, borracho o en pedo…

(hic) no implica, significa, o quiere decir, que mi nivel cultural sea ínfimo, bajo o jodido. (hic).

Y con todo el respeto, estima o cariño que usted se merece(hic),

puede ir agrupando, reuniendo o arrejuntando. .. (hic), sus bártulos, efectos o cachivaches. ..

(hic) y encaminarse, dirigirse o irse, derechito:

a la progenitora de sus dias,

a la madre que lo llevó en su seno,

o a la puta que lo parió.

La Colmena, Camilo José Cela

Filed under: Literatura posterior a la Guerra Civil — julen @ 3:16 pm

versión digital de la edición de Castalia

A partir de la página 455 tenéis el censo de personajes, la podéis imprimir y viene muy bien para trabajar con la novela.

Si tenéis tiempo y humor, no dejéis de visitar el índice y la información suplementaria que aparece en el prólogo, hasta la página 114.

Aquí os voy a ir poniendo diferentes guías de lectura para facilitar la lectura (y comprensión) de la obra. Conviene que la leáis un par de veces para asegurar la comprensión. Os recuerdo que hay un 33% de posibilidades de que caiga en selectividad.

La Colmena en Wikipedia, muy interesante
Cela en Wikipedia

guía 1

guía 2
La-colmena-y-Cela (more…)

marzo 4, 2008

La Cabeza del Bautista. Valle-Inclán

Filed under: Modernismo y Generación del 98 — julen @ 10:57 pm

El árbol de la ciencia, Pío Baroja

Filed under: Lecturas voluntarias — julen @ 6:58 pm

marzo 1, 2008

El entierro de la sardina, Leopoldo Alas, Clarín

Filed under: general — julen @ 10:32 pm

texto completo

el entierro de la sardina

febrero 24, 2008

La reina castiza (tablado de marionetas)

Filed under: Lecturas voluntarias — julen @ 10:42 pm

Por Maria Antònia Fons Salas, 2n Batx. A


1.- Datos bibliográficos:
– Título: La reina castiza (tablado de marionetas)
– Autor: Valle-Inclán
– Editorial: Aguilar
– Colección: literaria
– Lugar y año de la edición: Madrid, 1970 (0)
– Número de páginas: 67 páginas
– Comprensión lectora (dificultad): no ha sido difícil.
2.- Motivo de la elección:
Me pareció interesante el título.
3.- Recensión:
3.1.- Resumen del argumento:
En la primera jornada, el Soplón tiene unas cartas de la Reina y quiere una recompensa. El Gran Preboste, ve a la Reina y a la Mari-Morena que se van a una fiesta. Él le dice a la Reina lo de las cartas.
En la segunda jornada, el Soplón le pide dos millones al Rey a cambio de las cartas, así el Rey lee las cartas.
En la tercera jornada, el Rey quiere entrar en la (cámara) de la Reina, pero las damas no le dejan, al final, el Rey no se cree lo de las cartas y la Reina sale de su (cámara).
3.2.- Estructura interna (situación inicial, conflicto, desarrollo, desenlace, situación final):
Situación inicial: el Soplón dice que tiene cartas de la Reina.
Conflicto: Gran Preboste se lo dice a la Reina mientras ella va al baile.
Desarrollo: el Rey se da cuenta de lo de las cartas.
Desenlace: el Rey va a la habitación de la Reina.
Situación final: la Reina sale de su habitación y se aclara todo.
3.3.- Estructura (actos, escenas):
Tiene 3 jornadas.
3.4.- Relación entre la estructura interna y externa (a qué partes de la estructura interna corresponden las partes de la estructura externa):
Primera jornada: situación inicial, conflicto.
Segunda jornada: desarrollo.
Tercera jornada: desenlace y situación final.
3.5.- Temas más importantes que se tratan en la obra:
La infedilidad.
3.6.- Tiempo:
– 3.6.1.- Tiempo externo. Época en que está ambientada la obra y elementos que se utilizan para ambientarla. ¿Es una ficción realista o fantástica?
La época de antes de la muerte de Fernando VII (ya que ha pasado después de la Constitución del 1812 y dice que el Rey no puede tener hijos), ficción fantástica. (NO NO 2)
– 3.6.2.- Tiempo interno. Duración de los hechos que se narran:
Una noche
– 3.6.3.- Punto de vista temporal desde el que se cuenta la historia (los sucesos que suceden en el presente, sucedieron en el pasado o sucederán en el futuro):
Para nosotros es en pasado.
– 3.6.4.- Orden temporal en que se cuenta la historia (orden cronológico, elipsis, anticipaciones, retrospecciones, caos temporal…), cita algún ejemplo:
Orden cronológico
– 3.6.5.- ¿Se respeta la regla de la unidad de tiempo?

3.7.- Espacio:
– 3.7.1.- ¿En qué país sucede la historia? ¿Es real o imaginario?
En España, es real
– 3.7.3.- ¿Se mantiene la regla de la unidad de espacio?

– 3.7.4.- ¿Qué clases sociales aparecen en esta historia? (trabajadores y obreros, campesinos, gente rica, nobles y reyes, religiosos, gente pobre, indígenas de países atrasados, clases medias y acomodadas, comerciantes, empresarios, funcionarios, policías, ladrones y pícaros…).
Nobles y reyes, ladrones (CHANTAJISTAS)

3.8.- ¿Qué acciones/historias se representan en la obra? ¿Cuántas son? ¿Están interrelacionadas?
Una historia
– 3.8.1.- ¿Se respeta la unidad de acción?

3.9.- Personajes principales: protagonistas y antagonistas. ¿Son realistas o fantásticos?
Principales: Reina y Rey (3)
Antagonistas: Mari-Morena, Lucero, el Gran Preboste, don Gargarabete, la Infanta Francisca, las damas (3)
4.- Opinión personal sobre el texto:
La historia ha sido divertida y fácil de leer e entender. Creo que los personajes tienen mucha confianza con los Reyes, les respetan pero les hablan con confianza. La Reina le es infiel al Rey ya que es un matrimonio sin amor.(4)


NOTAS

(0) ¿Cuándo se publicó/estrenó esta obra por primera vez? ¿A qué periodeo de la obra deValle corresponde?

1. Has cogido una guía para comentar una narración, no una obra teatral.

2. Si te guías para ambientar la obra por momentos históricos de la historia de España, entonces la ficción no es tan fantástica, sino próxima al esperpento. además la reina a la que hacealusión es Isabel II.

3. HAS DE EXPLICAR CÓMO SON LOS PERSONAJES.

4. Es un comentario muy pobre. ¿Qué imagen da de la monarquía? ¿Es un texto monárquico o republicano?

¿Qué tienen que ver los personajes con sus nombres?, ¿Qué tienen de marionetas estos personajes? (¿qué mueve a los personajes, por qué actúan? ¿Cómo hablan, que vareideades lingüísticas utilizan?

HAY QUE TRABAJARLO MÁS

El dúo de la tos

Filed under: Lecturas voluntarias — julen @ 12:03 am

El dúo de la tos

  1. martuxa |MARTA CABRERA BAUZÀ
    2BATX. A

    LECTURA VOLUNTARIA: El dúo de la tos
    Autor: Leopoldo Alas Clarín

    VIDA DEL AUTOR

    Leopoldo Alas Clarín nace en Zamora el 1852. Fue un exitoso novelista y litera(t)o, influido por la literatura contemporànea.
    Una de sus obras mas destacadas es la novela de la Regenta, la (c)ual tuvo mucho éxito, y (también) el cuento de ¡Adiós Cordera!.
    Escribió tambi(é)n, un libro (“Cuentos morales”, en 1896, donde aparecen “el dúo de la tos”http://www.swarthmore.edu/Humanities/mguardi1/espanol_11/clarin.htm) “el sustituto” o “la conversión de chiripa”) , (“¡Adiós Cordera!” se publica en el libro “El señor, y lo demás son cuentos” de 1892, con “la Ronca”,y otros m(á)s ), .
    El escritor muere en Oviedo a causa de la enfermedad de tuberculosis intestinal en el año 1901.

    TEMA

    El tema principal (e)s el del temor a la soledad y el miedo a morir solo. También hay que destacar el tema relacionado con la enfermedad (de la tuberculosis), que en el año en que se escribió el cuento los enfermos no recibian la assitencia necesaria y se sentia(n) muy solos.

    RESUMEN

    La historia sucede en un hotel llamad(o) Aguila situado cerca del mar. Allí sus huespedes se sienten solos, especialmente los dos protagonistas, que s(o)n el de la habitación 34 y (la) de la 36. Los dos padecen una grave enfermedad, el del 36 padece la tisis, que es una tuberculosis pulmonar y és mortal. La del 34 también padece una grave enfermedad mortal y también se siente muy sola. Una noche escuchan sus toses mutuamente, y eso les transmite compañía y seguridad, que es lo que ellos tanto an(h)elan. Establecen una conversación a través de la tos y por unos instantes se olvidan de su soledad y enfermedad.
    Al día siguiente el de la 36 se marcha y muere pocos d(í)as después. La de la 34, triste por no haber escuchado m(á)s la tos del 36, también se marcha pronto del hotel y muere unos dos o tres años mas tarde entre Hermanas de la Caridad.

    PERSONAJES

    La de la 32: no se dice su nombre en ningún momento del cuento. És una mujer de veinticinco años, extranjera, que había venido a España por hambre, en calidad de institutriz (Mujer encargada de la educación o instrucción de uno o varios niños en el hogar doméstico) en una casa de la nobleza pero su enfermedad le oblig(ó) a dejar ese lugar y se encontr(ó) sola por el mundo. Padecía una enfermedad grave y contagiosa (tuberculosis).

    El de la 36: no se dice su nombre en ningún momento del cuento. Era un hombre de treinta años, muy desesperado y solo en el mundo. Tan s(ó)lo tenía los recuerdos como compañía. Se dedicaba a ir por el mundo de pueblo en pueblo, buscando un lugar donde respirar aire sano para su pecho enfermo. Tenía una vida mu triste y se quejaba de que nadie le ten(í)a lástima. Padecía una grave enfermedad, la tisis, que se trata de una tuberculosis pulmonar. Es una enfermedad en que hay consunció gradual y lenta, fiebre héctica y ulceració en algún órgano, en su caso, los pulmones. Va a morir a causa de esta fatal enfermedad.

    ESTRUCTURA

    Estructura externa

    Se trata de un cuento corto de un único capítulo de siete páginas.

    Estructura interna

    PLANTEAMIENTO: va desde la primera linea hasta 49. Primero se describe el lugar donde suecede la história y después se muestra la situación de soledad en que se encuentra el de la 32.
    NUDO: va desde la 50 hasta la 190. El de la 36 de repente escucha una tos, la de la 34, y deja de sentirse tan solo. Establecen una conversación mediante la tos y los dos se olvidan de su enfermead y soledad por el momento. La de la 34 empieza a imaginerse como pareja del de la 36 y luego el de la 36 tambien imagina su vida junt(0) a la de la 34, una persona en la cual apoñarse en sus últimos d(í)as de vida.
    DESENLACE. De la 191 hasta el final, la 117. Al amanecer el de la 36 se marcha y muere pocos dias depués. La de la 34 sale para ver si el de la 36 aun sigue allí, pero ya no lo encuentra y se siente triste. Ella muere también unos dos o tres años mas tarde.

    ANALISIS DE LA FORMA PARTIENDO DEL CONTENIDO

    En esta narración aparece el narrador omnisciente, que es el encargado de contar los acontecimientos en esta obra literaria. El narrador omnisciente lo sabe todo de la obra, sabe lo que piensan y sienten los personajes, e incluso su pasado.
    Utiliza el estilo indirecto para mostrar lo que dicen o piensan los protagonista; “Algún viajero que fuma”, “si me sintiera muy mal, de repente; si diera una voz para no morirme sola, ese que fuma ahí me oiría”.
    Podemos apreciar algúna comparación como por ejemplo “el fuego del tabaco brilla en aquella altura como un gusano de luz”, hay que destacar la refer(e)ncia que hace a la obra del poeta Dante Alighieri con su obra “La Divina Comedia” cuando dice “y vio a Paolo y Francesa abrazados en el aire, arrastrados por la bufera infernal”, la de la 32 se imagina su amor con el del 36 igual que la historia de Paolo y Francesa de la obra la “Divina.”.
    Utiliza varias metaforas como por ejemplo “chispa triste”(1), “Fúnebre orgía”(2), “la vida precaria un nido de pluma blanda y suave”(3).
    El de la 36 empieza a toser como” si estuviera bajo la bóveda de una cripta” (luegar subterraneo donde se entierra a los muertos), el autor utiliza esta comparación para mostrar que eso es una señal de la muerte, que su enfermedad ha avanzado y le quedan pocos d(í)as. El de la 36 ve en el sonido de la hora como “la firma de los pagarés que iba presentando a la vida su acreedor de la muerte”, es decir, lo ve como un aviso de la muerte que est(á) muy cerca.
    Se sabe que la enfermedad del 36 es mortal cuando afirma “una sentencia de muerte pegada al pecho, como una factura de viaje a un bulto en un ferrocarril”, es evidente que su enfermedad es mortal, que la lleva pegada igual que un paquete lleva una etiqueta pegada. De nuevo el autor vuelve a usar la comparación.
    El de la 36 se refiere a las habitacions del hotel como nichos, cree que los que estan allí no tiene vida, est(á)n muertos o como si lo estuvieran.
    La de la 32 también tiene una grave enfermedad y una vida igual de insignificante que el de la 36, y los dem(á)s del hotel. Sabe también que su enfermedad es mortal y no quiere morir sola, por eso dice “acercarnos juntos a la muerte”, sabe que la tos del 36 es señal de enfermedad, igual que la suya, y se imagina por unos instantes la posibilidad de terminar con su soledad y morir juntamente con el del 36.

    CONCLUSIÓN Y SÍNTESIS

    La soledad y triste(z)a es evidente en los dos protagonista. Los dos (sufren) una grave enfermedad en unos años donde no había mucha asistencia sanitaria, y la gente no sentía lastima por los enfermos, sinos todo lo contrario, se apartaban de ellos, y m(á)s si se trataba de una enfermedad contagiosa como la que padecía la de la 32, que tuvo que dejar su trabajo porque sus dueños no querían contagiarse. El de la 36 sufre la tisis, una enfermedad de tuberculosis pulmonar. Cuando Leopoldo Alas Clarín escribió esta obra ya conocía su enfermedad de tuberculosis (intestinal), la (c)ual le produjo su muerte. Por eso en esta historia aporta algo de su situación personal, su enfermedad. Y tal vez, el también se sintiera solo, y escribiera este cuento en un momento de tristeza y soledad e impotencia ante su fatal enfermedad.
    Es un fantástico cuento, que muestra la realidad de c(ó)mo se sentian los enfermos, y del escaso cariño que (les) tenían. Quizas Clarín quería aproximarnos a su situación personal y a la de muchas mas personas en esos años.

  2. Notas

1. Es un epíteto que personaliza a la chispa.

2. Es un Oxímoron, o contradicción.

3. Aquí si habría metáfora.

enero 28, 2008

¡Adiós, Cordera!

Filed under: Realismo-naturalismo — julen @ 6:30 pm

Guía de comentario

adiós cordera, texto y comentario uoc
http://www.monografias.com/trabajos35/analisis-adios-cordera/analisis-adios-cordera.shtml

Además tenéis el socorrido rincón del vago, pero al que le pille fusilando comentarios…

De Wikisource, la biblioteca libre.

(Redirigido desde Adios, Cordera)

¡Adiós, “Cordera”!
de Leopoldo Alas

¡Eran tres, siempre los tres!: Rosa, Pinín y la Cordera.

El prado Somonte era un recorte triangular de terciopelo verde tendido, como una colgadura, cuesta abajo por la loma. Uno de sus ángulos, el inferior, lo despuntaba el camino de hierro de Oviedo a Gijón. Un palo del telégrafo, plantado allí como pendón de conquista, con sus jícaras blancas y sus alambres paralelos, a derecha e izquierda, representaba para Rosa y Pinín el ancho mundo desconocido, misterioso, temible, eternamente ignorado. Pinín, después de pensarlo mucho, cuando a fuerza de ver días y días el poste tranquilo, inofensivo, campechano, con ganas, sin duda, de aclimatarse en la aldea y parecerse todo lo posible a un árbol seco, fue atreviéndose con él, llevó la confianza al extremo de abrazarse al leño y trepar hasta cerca de los alambres. Pero nunca llegaba a tocar la porcelana de arriba, que le recordaba las jícaras que había visto en la rectoral de Puao. Al verse tan cerca del misterio sagrado le acometía un pánico de respeto, y se dejaba resbalar de prisa hasta tropezar con los pies en el césped.

Rosa, menos audaz, pero más enamorada de lo desconocido, se contentaba con arrimar el oído al palo del telégrafo, y minutos, y hasta cuartos de hora, pasaba escuchando los formidables rumores metálicos que el viento arrancaba a las fibras del pino seco en contacto con el alambre. Aquellas vibraciones, a veces intensas como las del diapasón, que aplicado al oído parece que quema con su vertiginoso latir, eran para Rosa los papeles que pasaban, las cartas que se escribían por los hilos, el lenguaje incomprensible que lo ignorado hablaba con lo ignorado; ella no tenía curiosidad por entender lo que los de allá, tan lejos, decían a los del otro extremo del mundo. ¿Qué le importaba? Su interés estaba en el ruido por el ruido mismo, por su timbre y su misterio.

La Cordera, mucho más formal que sus compañeros, verdad es que relativamente, de edad también mucho más madura, se abstenía de toda comunicación con el mundo civilizado, y miraba de lejos el palo del telégrafo como lo que era para ella efectivamente, como cosa muerta, inútil, que no le servía siquiera para rascarse. Era una vaca que había vivido mucho. Sentada horas y horas, pues, experta en pastos, sabía aprovechar el tiempo, meditaba más que comía, gozaba del placer de vivir en paz, bajo el cielo gris y tranquilo de su tierra, como quien alimenta el alma, que también tienen los brutos; y si no fuera profanación, podría decirse que los pensamientos de la vaca matrona, llena de experiencia, debían de parecerse todo lo posible a las más sosegadas y doctrinales odas de Horacio.

Asistía a los juegos de los pastorcitos encargados de llindarla, como una abuela. Si pudiera, se sonreiría al pensar que Rosa y Pinín tenían por misión en el prado cuidar de que ella, la Cordera, no se extralimitase, no se metiese por la vía del ferrocarril ni saltara a la heredad vecina. ¡Qué había de saltar! ¡Qué se había de meter!

Pastar de cuando en cuando, no mucho, cada día menos, pero con atención, sin perder el tiempo en levantar la cabeza por curiosidad necia, escogiendo sin vacilar los mejores bocados, y después sentarse sobre el cuarto trasero con delicia, a rumiar la vida, a gozar el deleite del no padecer, y todo lo demás aventuras peligrosas. Ya no recordaba cuándo le había picado la mosca.

“El xatu (el toro), los saltos locos por las praderas adelante…, ¡todo eso estaba tan lejos!”

Aquella paz sólo se había turbado en los días de prueba de la inauguración del ferrocarril. La primera vez que la Cordera vio pasar el tren se volvió loca. Saltó la sebe de lo más alto del Somonte, corrió por prados ajenos, y el terror duró muchos días, renovándose; más o menos violento, cada vez que la máquina asomaba por la trinchera vecina. Poco a poco se fue acostumbrando al estrépito inofensivo. Cuando llegó a convencerse de que era un peligro que pasaba, una catástrofe que amenazaba sin dar, redujo sus precauciones a ponerse en pie y a mirar de frente, con la cabeza erguida, al formidable monstruo; más adelante no hacía más que mirarle, sin levantarse, con antipatía y desconfianza; acabó por no mirar al tren siquiera. En Pinín y Rosa la novedad del ferrocarril produjo impresiones más agradables y persistentes. Si al principio era una alegría loca, algo mezclada de miedo supersticioso, una excitación nerviosa, que les hacía prorrumpir en gritos, gestos, pantomimas descabelladas, después fue un recreo pacífico, suave, renovado varias veces al día. Tardó mucho en gastarse aquella emoción de contemplar la marcha vertiginosa, acompañada del viento, de la gran culebra de hierro, que llevaba dentro de sí tanto ruido y tantas castas de gentes desconocidas, extrañas.

Pero telégrafo, ferrocarril, todo eso era lo de menos: un accidente pasajero que se ahogaba en el mar de soledad que rodeaba el prado Somonte. Desde allí no se veía vivienda humana; allí no llegaban ruidos del mundo más que al pasar el tren. Mañanas sin fin, bajo los rayos del sol, a veces entre el zumbar de los insectos, la vaca y los niños esperaban la proximidad del mediodía para volver a casa. Y luego, tardes eternas, de dulce tristeza silenciosa, en el mismo prado, hasta venir la noche, con el lucero vespertino por testigo mudo en la altura. Rodaban las nubes allá arriba, caían las sombras de los árboles y de las peñas en la loma y en la cañada, se acostaban los pájaros, empezaban a brillar algunas estrellas en lo más oscuro del cielo azul, y Pinín y Rosa, los niños gemelos, los hijos de Antón de Chinta, teñida el alma de la dulce serenidad soñadora de la solemne y seria naturaleza, callaban horas y horas, después de sus juegos, nunca muy estrepitosos, sentados cerca de la Cordera, que acompañaba el augusto silencio de tarde en tarde con un blanco son de perezosa esquila.

En este silencio, en esta calma inactiva, había amores. Se amaban los dos hermanos como dos mitades de un fruto verde, unidos por la misma vida, con escasa conciencia de lo que en ellos era distinto, de cuanto los separaba; amaban Pinín y Rosa a la Cordera, la vaca abuela, grande, amarillenta, cuyo testuz parecía una cuna. La Cordera recordaría a un poeta la zavala del Ramayana, la vaca santa; tenía en la amplitud de sus formas, en la solemne serenidad de sus pausados y nobles movimientos, aire y contornos de ídolo destronado, Caído, contento con su suerte, más satisfecha con ser vaca verdadera que dios falso. La Cordera, hasta donde es posible adivinar estas cosas, puede decirse que también quería a los gemelos encargados de apacentarla.

Era poco expresiva; pero la paciencia con que los toleraba cuando en sus juegos ella les servía de almohada, de escondite, de montura, y para otras cosas que ideaba la fantasía de los pastores, demostraba tácitamente el afecto del animal pacífico y pensativo.

En tiempos difíciles Pinín y Rosa habían hecho por la Cordera los imposibles de solicitud y cuidado. No siempre Antón de Chinta había tenido el prado Somonte. Este regalo era cosa relativamente nueva. Años atrás la Cordera tenía que salir a la gramática, esto es, a apacentarse como podía, a la buena ventura de los caminos y callejas de las rapadas y escasas praderías del común, que tanto tenían de vía pública como de pastos. Pinín y Rosa, en tales días de penuria, la guiaban a los mejores altozanos, a los parajes más tranquilos y menos esquilmados, y la libraban de las mil injurias a que están expuestas las pobres reses que tienen que buscar su alimento en los azares de un camino.

En los días de hambre, en el establo, cuando el heno escaseaba y el narvaso para estar el lecho caliente de la vaca faltaba también, a Rosa y a Pinín debía la Cordera mil industrias que le hacían más suave la miseria. ¡Y qué decir de los tiempos heroicos del parto y la cría, cuando se entablaba la lucha necesaria entre el alimento y regalo de la nación y el interés de los Chintos, que consistía en robar a las ubres de la pobre madre toda la leche que no fuera absolutamente indispensable para que el ternero subsistiese! Rosa y Pinín, en tal conflicto, siempre estaban de parte de la Cordera, y en cuanto había ocasión, a escondidas, soltaban el recental que, ciego y como loco, a testaradas contra todo, corría a buscar el amparo de la madre, que le albergaba bajo su vientre, volviendo la cabeza agradecida y solícita, diciendo, a su manera:

-Dejad a los niños y a los recentales que vengan a mí.

Estos recuerdos, estos lazos son de los que no se olvidan.

Añádase a todo que la Cordera tenía la mejor pasta de vaca sufrida del mundo. Cuando se veía emparejada bajo el yugo con cualquier compañera, fiel a la gamella, sabía meter su voluntad a la ajena, y horas y horas se la veía con la cerviz inclinada, la cabeza torcida en incómoda postura, velando en pie mientras la pareja dormía en tierra.

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Antón de Chinta comprendió que había nacido para pobre cuando palpó la imposibilidad de cumplir aquel sueño dorado suyo de tener un corral propio con dos yuntas por lo menos. Llegó, gracias a mil ahorros, que eran mares de sudor y purgatorios de privaciones, llegó a la primera vaca, la Cordera, y no pasó de ahí: antes de poder comprar la segunda se vio obligado, para pagar atrasos al amo, el dueño de la casería que llevaba en renta, a llevar al mercado a aquel pedazo de sus entrañas, la Cordera, el amor de sus hijos. Chinta había muerto a los dos años de tener la Cordera en casa. El establo y la cama del matrimonio estaban pared por medio, llamando pared a un tejido de ramas de castaño y de cañas de maíz. Ya Chinta, musa de la economía en aquel hogar miserable, había muerto mirando a la vaca por un boquete del destrozado tabique de ramaje, señalándola como salvación de la familia.

“Cuidadla; es vuestro sustento”. Parecían decir los ojos de la pobre moribunda, que murió extenuada de hambre y de trabajo. El amor de los gemelos se había concentrado en la Cordera; el regazo, que tiene su cariño especial, que el padre no puede reemplazar, estaba al calor de la vaca, en el establo y allá en el Somonte. Todo esto lo comprendía Antón a su manera, confusamente. De la venta necesaria no había que decir palabra a los neños. Un sábado de julio, al ser de día, de mal humor, Antón echó a andar hacia Gijón, llevando la Cordera por delante, sin más atavío que el collar de esquila. Pinín y Rosa dormían. Otros días había que despertarlos a azotes. El padre los dejó tranquilos. Al levantarse se encontraron sin la Cordera. “Sin duda, mío pá la había llevado al xatu.” No cabía otra conjetura. Pinín y Rosa opinaban que la vaca iba de mala gana; creían ellos que no deseaba más hijos, pues todos acababa por perderlos pronto, sin saber cómo ni cuándo.

Al oscurecer, Antón y la Cordera entraban por la corrada mohínos, cansados y cubiertos de polvo. El padre no dio explicaciones, pero los hijos adivinaron el peligro.

No había vendido porque nadie había querido llegar al precio que a él se le había puesto en la cabeza. Era excesivo: un sofisma del cariño. Pedía mucho por la vaca para que nadie se atreviese a llevársela. Los que se habían acercado a intentar fortuna se habían alejado pronto echando pestes de aquel hombre que miraba con ojos de rencor y desafío al que osaba insistir en acercarse al precio fijo en que él se abroquelaba. Hasta el último momento del mercado estuvo Antón de Chìnta en el Humedal, dando plazo a la fatalidad. “No se dirá -pensaba- que yo no quiero vender: son ellos que no me pagan la Cordera en lo que vale.” Y, por fin, suspirando, si no satisfecho, con cierto consuelo, volvió a emprender el camino par la carretera de Candás, adelante, entre la confusión y el ruido de cerdos y novillos, bueyes y vacas, que los aldeanos de muchas parroquias del contorno conducían con mayor o menor trabajo, según eran de antiguo las relaciones entre dueños y bestias.

En el Natahoyo, en el cruce de dos caminos, todavía estuvo expuesto el de Chinta a quedarse sin la Cordera: un vecino de Carrió que le había rondado todo el día ofreciéndole pocos duros menos de los que pedía, le dio el último ataque, algo borracho…

El de Carrió subía, subía, luchando entre la codicia y el capricho de llevar la vaca. Antón, como una roca. Llegaron a tener las manos enlazadas, parados en medio de la carretera, interrumpiendo el paso… Por fin la codicia pudo más; el pico de los cincuenta los separó como un abismo; se soltaron las manos, cada cual tiró por su lado; Antón, por una calleja que, entre madreselvas que aún no florecían y zarzamoras en flor, le condujo hasta su casa.

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Desde aquel día en que adivinaron el peligro, Pinín y Rosa no sosegaron, A media semana se personó el mayordomo en el corral de Antón. Era otro aldeano de la misma parroquia, de malas pulgas, cruel con los caseros atrasados. Antón, que no admitía reprimendas, se puso lívido ante las amenazas de desahucio.

El amo no esperaba más. Bueno, vendería la vaca a vil precio, por una merienda.

Había que pagar o quedarse en la calle.

El sábado inmediato acompañó al Humedal Pinín a su padre. El niño miraba con horror a los contratistas de carne, que eran los tiranos del mercado. La Cordera fue comprada en su justo precio por un rematante de Castilla. Se la hizo una señal en la piel y volvió a su establo de Puao, ya vendida, ajena, tañendo tristemente la esquila. Detrás caminaban Antón de Chinta, taciturno, y Pinín, con ojos como puños. Rosa, al saber la venta, se abrazó al testuz de la Cordera, que inclinaba la cabeza a las caricias como al yugo.

“¡Se iba la vieja!”, pensaba con el alma destrozada Antón el huraño.

“¡Ella será una bestia, pero sus hijos no tenían otra madre ni otra abuela!”

Aquellos días, en el pasto, en la verdura del Somonte, el silencio era fúnebre. La Cordera, que ignoraba su suerte, descansaba y pacía como siempre, sub specie aeternitatis, como descansaría y comería un minuto antes de que el brutal porrazo 1a derribase muerta. Pero Rosa y Pinín yacían desolados, tendidos sobre la hierba, inútil en adelante. Miraban con rencor los trenes que pasaban, los alambres del telégrafo. Era aquel mundo desconocido, tan lejos de ellos por un lado y por otro, el que les llevaba su Cordera.

El vìernes, al oscurecer, fue la despedida. Vino un encargado del rematante de Castilla por la res. Pagó; bebieron un trago Antón y el comisionado, y se sacó a la quintana la Cordera. Antón había apurado la botella; estaba exaltado; el peso del dinero en el bolsillo le animaba también. Quería aturdirse. Hablaba mucho, alababa las excelencias de la vaca. El otro sonreía, porque las alabanzas de Antón eran impertinentes. ¿Que daba la res tanto y tantos jarros de leche? ¿Que era noble en el yugo, fuerte con la carga? ¿Y qué, si dentro de pocos días había de estar reducida a chuletas y otros bocados suculentos? Antón no quería imaginar esto; se la figuraba viva, trabajando, sirviendo a otro labrador, olvidada de él y de sus hijos, pero viva, feliz… Pinín y Rosa, sentados sobre el montón de cucho, recuerdo para ellos sentimental de la Cordera y de los propios afanes, unidos por las manos, miraban al enemigo con ojos de espanto. En el supremo instante se arrojaron sobre su amiga; besos, abrazos: hubo de todo. No podían separarse de ella. Antón, agotada de pronto la excitación del vino, cayó como en un marasmo; cruzó los brazos, y entró en el corral oscuro.

Los hijos siguieron un buen trecho por la calleja, de altos setos, el triste grupo del indiferente comisionado y la Cordera, que iba de mala gana con un desconocido y a tales horas. Por fin, hubo que separarse. Antón, malhumorado, clamaba desde casa:

-¡Bah, bah, neños, acá vos digo; basta de pamemes! -así gritaba de lejos el padre, con voz de lágrimas.

Caía la noche; por la calleja oscura, que hacían casi negra los altos setos, formando casi bóveda, se perdió el bulto de la Cordera, que parecía negra de lejos. Después no quedó de ella más que el tíntán pausado de la esquila, desvanecido con la distancia, entre los chirridos melancólicos de cigarras infinitas.

-¡Adiós, Cordera! -gritaba Rosa deshecha en llanto-. ¡Adiós, Cordera de mía alma!

-¡Adiós, Cordera! -repetía Pinín, no más sereno.

-Adiós -contestó por último, a su modo, la esquila, perdiéndose su lamento triste, resignado, entre los demás sonidos de la noche de julio en la aldea-.

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Al día siguiente, muy temprano, a la hora de siempre, Pinín y Rosa fueron al prado Somonte. Aquella soledad no lo había sido nunca para ellos triste; aquel día, el Somonte sin la Cordera parecía el desierto.

De repente silbó la máquina, apareció el humo, luego el tren. En un furgón cerrado, en unas estrechas ventanas altas o respiraderos, vislumbraron los hermanos gemelos cabezas de vacas que, pasmadas, miraban por aquellos tragaluces.

-¡Adiós, Cordera! -gritó Rosa, adivinando allí a su amiga, a la vaca abuela.

-¡Adiós, Cordera! -vociferó Pinín con la misma fe, enseñando los puños al tren, que volaba camino de Castilla.

Y, llorando, repetía el rapaz, más enterado que su hermana de las picardías del mundo:

-La llevan al Matadero… Carne de vaca, para comer los señores, los indianos.

-¡Adiós, Cordera! -¡Adiós, Cordera!

-Y Rosa y Pinín miraban con rencor la vía., el telégrafo, los símbolos de aquel mundo enemigo que les arrebataba, que les devoraba a su compañera de tantas soledades, de tantas ternuras silenciosas, para sus apetitos, para convertirla en manjares de ricos glotones…

-¡Adiós, Cordera!…

-¡Adiós, Cordera!

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Pasaron muchos años. Pinín se hizo mozo y se lo llevó el rey. Ardía la guerra carlista. Antón de Chinta era casero de un cacique de los vencidos; no hubo influencia para declarar inútil a Pinín que, por ser, era como un roble.

Y una tarde triste de octubre, Rosa en el prado Somonte, sola, esperaba el paso del tren correo de Gijón, que le llevaba a sus únicos amores, su hermano. Silbó a lo lejos la máquina, apareció el tren en la trinchera, pasó como un relámpago. Rosa, casi metida por las ruedas, pudo ver un instante en un coche de tercera, multitud de cabezas de pobres quintos que gritaban, gesticulaban, saludando a los árboles, al suelo, a los campos, a toda la patria familiar, a la pequeña, que dejaban para ir a morir en las luchas fratricidas de la patria grande, al servicio de un rey y de unas ideas que no conocían.

Pinín, con medio cuerpo afuera de una ventanilla, tendió los brazos a su hermana; casi se tocaron. Y Rosa pudo oír entre el estrépito de las ruedas y la gritería de los reclutas la voz distinta de su hermano, que sollozaba exclamando, como inspirado por un recuerdo de dolor lejano:

-¡Adiós, Rosa!… ¡Adiós, Cordera!

-¡Adiós, Pinín! ¡Pinín de mía alma!…

“Allá iba, como la otra, como la vaca abuela. Se lo llevaba el mundo. Carne de vaca para los glotones, para los indianos: carne de su alma, carne de cañón para las locuras del mundo, para las ambiciones ajenas.”

Entre confusiones de dolor y de ideas, pensaba así la pobre hermana viendo el tren perderse a lo lejos, silbando triste, con silbidos que repercutían los castaños, las vegas y los peñascos…

¡Qué sola se quedaba! Ahora sí, ahora sí, que era un desierto el prado Somonte.

-¡Adiós, Pinín! ¡Adiós, Cordera!

Con qué odio miraba Rosa la vía manchada de carbones apagados; con qué ira los alambres del telégrafo. ¡Oh!. Bien hacía la Cordera en no acercarse. Aquello era el mundo, lo desconocido, que se lo llevaba todo. Y sin pensarlo, Rosa apoyó la cabeza sobre el palo clavado como un pendón en la punta del Somonte. El viento cantaba en las entrañas del pino seco su canción metálica. Ahora ya lo comprendía Rosa. Era canción de lágrimas, de abandono, de soledad, de muerte.

En las vibraciones rápidas, como quejidos, creía oír, muy lejana, la voz que sollozaba por la vía adelante:

-¡Adiós, Rosa! ¡Adiós, Cordera!

Este cuento forma parte del libro El Señor y lo demás, son cuentos

junio 10, 2008

Enlace a las pruebas de selectividad UIB de otros años

Filed under: general — julen @ 12:53 am

Aquí os dejo el enlace a la UIB donde encontraréis pruebas de otros años para que os hagáis una idea de lo que va saliendo y os facilite la preparación .
pruebas de selectividad de otros años

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