artà 2 bachiller insti

octubre 31, 2007

Rima LXXIII

Filed under: Rima LXXIII — julen @ 7:55 pm

http://cvc.cervantes.es/obref/rimas/rimas/rima71.htm

Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.
La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.
Despertaba el día
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
De la casa, en hombros,
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.
Al dar de las ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron
y el santo recinto
quedóse desierto.
De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila,
formando el cortejo.
Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo;
allí la acostaron,
tapiáronla luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.
La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.
Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan los huesos…!
……………………………
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es, sin espíritu,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
a dejar tan tristes,
tan solos los muertos.

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1 comentario »

  1. Es la rima más larga, 104 versos. El romance se refiere a una niña muerta en el 1854, cuando Bécquer tenía dieciocho años.

    Es una obra fluida, interrumpida por un estribillo que se repite tres veces.

    Sencilla es la descripción del entierro de una niña, en lo que, por el contexto, se piensa que era el contorno habitual del chico que iba por poeta. Él fue un testigo del suceso. Con lo que, al cabo de un tiempo, le lleva a pensar en qué ocurre con el alma después de la muerte. Él no lo sabe.

    El estribillo y los interrogantes.

    El estribillo es el resumen de lo que se narra, luego se medita y después se trasciende. La pieza es un ejemplo de la difícil facilidad aprendida pronto y reivindicada, en la que Bécquer es maestro, y cuyo valor poético habría percibido muy pronto.

    Al cabo de un tiempo, le lleva a pensar en qué ocurre con el alma después de la muerte. Todo lo que se cuestiona, son preguntas universales, hechas por todos los seres humanos. Él no lo sabe, el no sé, es un símbolo de impotencia humana.

    Comentario por yournena — enero 8, 2011 @ 3:50 pm | Responder


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